DAMASTES, LOS AJUSTES Y ADAPTARSE A LAS “NECESIDADES” DE LA EMPRESA.

De los tiempos arcaicos de la Grecia mitológica nos ha dejado su recuerdo un posadero –bandido ocasional-, conocido como Damastes, el posadero del  Ática. Disponía éste de una casa en un paraje apartado en el que ofrecía posada al viajero solitario y desprevenido. Allí lo invitaba a reposar en una cama de hierro, y mientras dormía, lo ataba y amordazaba, para proceder luego –según era su obsesión- a “ajustar” a la víctima a las dimensiones de la cama, bien aserrando las partes que sobresalían si la cama quedaba corta, o bien estirando  y descoyuntando las articulaciones, si el viajero era más bajito… y no vamos a entrar en detalles escabrosos.

Pudiera parecer que estas cuestiones  quedaron en el pasado, pero si reflexionamos un poco, y observamos con detenimiento la situación de la plantilla de Telefónica en estos últimos tiempos, no dejan de surgir ciertas similitudes –salvando las lógicas distancias- con las actuaciones de Damastes.

Los procesos de “ajuste” en la empresa se han convertido en una constante, en un marchamo, o marca de la casa, dado que en relación a su plantilla, Telefónica ha convertido en “obsesión”, la voluntad de “ajustar” a todos y cada uno de sus trabajadores a sus necesidades, a sus requerimientos organizativos, no siempre escrupulosos con lo normativo o con lo inicialmente pactado.

No de otra forma se puede entender la aplicación del PSI, y en especial algunos métodos de “convencer” al empleado reticente a la adscripción, que de forma “casual” se ha podido ver a afectado por una retirada de gratificación, por una reestructuración organizativa “ad hoc”, por una reconsideración de su teletrabajo, o bien, por cualquier otra cuestión que le pudiera hacer la vida laboral más incómoda; siempre de forma casual, claro está. Ahí están también las modificaciones de plazos de adscripción, con la anuencia acostumbrada, cuando no el aplauso de los sindicatos del poder.

Las nuevas funcionalidades introducidas con la clasificación profesional, constituyen otro método más de “ajustar” la medida de cada uno de los trabajadores, para que se adapte –a veces con fórceps- a la “medida” de las exigencias de la cama de hierro de la empresa, por supuesto con formación y capacitación mal diseñada e insuficiente para las nuevas tareas asignadas al trabajador.

La estructuración de los nuevos horarios, donde tras aplicar las “mejoras” que adecuadamente pretenden  vendernos como deslumbrante logro los sindicatos del poder, y que acaban con los trabajadores en unas peores condiciones, con extrañas jornadas continuas con descanso intermedio,  jornadas europeas que ningún europeo aceptaría, y donde finalmente, disponer de jornada de mañana se está convirtiendo en una curiosidad digna de la entomología más sorprendente y exótica  –preguntar si acaso a los compañeros de comercial-.

¿No supone todo esto someter a la plantilla a un proceso de ajuste forzado a la cama de hierro de la compañía?  ¿Acaso no se está descoyuntando de esta forma la moral y la motivación de todos y cada uno de nosotros?   Por desgracia, los aprendices –y aprendizas- de Damastes abundan en la empresa, algunos en posiciones de relumbrón,  y así nos va como nos va… con dolor de huesos de tanto como nos pretenden ajustar a los trabajadores a las medidas de su cama de hierro.

En la antigüedad las andanzas de Damastes acabaron cuando el héroe Teseo acabó por administrarle su propia medicina, “ajustándole” el cuerpo a su propia cama…  aquí todavía estamos esperando.

De los tiempos arcaicos de la Grecia mitológica nos ha dejado su recuerdo un posadero –bandido ocasional-, conocido como Damastes, el posadero del  Ática. Disponía éste de una casa en un paraje apartado en el que ofrecía posada al viajero solitario y desprevenido. Allí lo invitaba a reposar en una cama de hierro, y mientras dormía, lo ataba y amordazaba, para proceder luego –según era su obsesión- a “ajustar” a la víctima a las dimensiones de la cama, bien aserrando las partes que sobresalían si la cama quedaba corta, o bien estirando  y descoyuntando las articulaciones, si el viajero era más bajito… y no vamos a entrar en detalles escabrosos.

Pudiera parecer que estas cuestiones  quedaron en el pasado, pero si reflexionamos un poco, y observamos con detenimiento la situación de la plantilla de Telefónica en estos últimos tiempos, no dejan de surgir ciertas similitudes –salvando las lógicas distancias- con las actuaciones de Damastes.

Los procesos de “ajuste” en la empresa se han convertido en una constante, en un marchamo, o marca de la casa, dado que en relación a su plantilla, Telefónica ha convertido en “obsesión”, la voluntad de “ajustar” a todos y cada uno de sus trabajadores a sus necesidades, a sus requerimientos organizativos, no siempre escrupulosos con lo normativo o con lo inicialmente pactado.

No de otra forma se puede entender la aplicación del PSI, y en especial algunos métodos de “convencer” al empleado reticente a la adscripción, que de forma “casual” se ha podido ver a afectado por una retirada de gratificación, por una reestructuración organizativa “ad hoc”, por una reconsideración de su teletrabajo, o bien, por cualquier otra cuestión que le pudiera hacer la vida laboral más incómoda; siempre de forma casual, claro está. Ahí están también las modificaciones de plazos de adscripción, con la anuencia acostumbrada, cuando no el aplauso de los sindicatos del poder.

Las nuevas funcionalidades introducidas con la clasificación profesional, constituyen otro método más de “ajustar” la medida de cada uno de los trabajadores, para que se adapte –a veces con fórceps- a la “medida” de las exigencias de la cama de hierro de la empresa, por supuesto con formación y capacitación mal diseñada e insuficiente para las nuevas tareas asignadas al trabajador.

La estructuración de los nuevos horarios, donde tras aplicar las “mejoras” que adecuadamente pretenden  vendernos como deslumbrante logro los sindicatos del poder, y que acaban con los trabajadores en unas peores condiciones, con extrañas jornadas continuas con descanso intermedio,  jornadas europeas que ningún europeo aceptaría, y donde finalmente, disponer de jornada de mañana se está convirtiendo en una curiosidad digna de la entomología más sorprendente y exótica  –preguntar si acaso a los compañeros de comercial-.

¿No supone todo esto someter a la plantilla a un proceso de ajuste forzado a la cama de hierro de la compañía?  ¿Acaso no se está descoyuntando de esta forma la moral y la motivación de todos y cada uno de nosotros?   Por desgracia, los aprendices –y aprendizas- de Damastes abundan en la empresa, algunos en posiciones de relumbrón,  y así nos va como nos va… con dolor de huesos de tanto como nos pretenden ajustar a los trabajadores a las medidas de su cama de hierro.

En la antigüedad las andanzas de Damastes acabaron cuando el héroe Teseo acabó por administrarle su propia medicina, “ajustándole” el cuerpo a su propia cama…  aquí todavía estamos esperando.

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