CALÍGULA Y LAS VACACIONES ROTATIVAS

Según recogen las crónicas relatadas por Cayo Suetonio, hacia el año 40 D.C., el Emperador Calígula henchido de entusiasmo, anunció que pretendía llevar a cabo una hazaña sin parangón en la historia: nada menos que el ataque a Britania. Durante meses los heraldos imperiales anunciaron las ventajas e innumerables beneficios que los romanos obtendrían con dicha operación: prácticamente se bañarían en el oro y la plata del territorio conquistado. La expedición a Britania significaría un antes y un después en la expansiva historia de Roma. Calígula aseguró que no se repararía en medios, en enviar legiones, y que estas se entregarían a una lucha sin tregua.

Suetonio nos cuenta como acabó el asunto: Calígula reunió las legiones en la costa del Canal, y en vez de darles  la anhelada orden de subir a las naves, e iniciar una campaña llena de los prometidos triunfos, dio unas cabalgadas por la playa, lanzó insultos e improperios contra las olas y finalmente, ordeno a los soldados recoger las conchas arrojadas a la arena (a modo de botín)… una prometida campaña triunfal finalizo con el más humillante de los ridículos.

Volviendo al día de hoy, hay que decir que la promesa de obtener un sistema de vacaciones justo en Telefónica, llevó a definir un programa de vacaciones “presuntamente rotativas”.  Los sindicatos firmantes del convenio juraron por activa y por pasiva que habían conseguido un sistema de vacaciones en Telefónica que por vez primera sería justo, solidario, equilibrado… bla, bla, bla.

El primer atisbo del ridículo que se nos venía encima a los telefónicos por culpa de estos desvaríos. Se produjo en Noviembre del año pasado, en pleno proceso de solicitud de “vacaciones rotativas” este se interrumpe por decisión de la empresa, dejándose para el año siguiente… sospechamos que bajo el afamado principio del “hoy no… mañaaaaaana”. Uno de los sindicatos mayoritarios acudió en auxilio de la empresa, avalando dicho retraso como adecuado y conveniente, y el otro sindicato inició una campaña de “conquista de Bretaña”, al grito de “¡vacaciones rotativas ya!”, anunciando la interposición de conflictos colectivos, de demandas, de denuncias, de principios irrenunciables… bla, bla, bla.

Pero la realidad es tozuda, a fecha de hoy los telefónicos estamos pidiendo las vacaciones “rotativas” del año siguiente y de aquellos belicosos anuncios nada quedó… más que insultos a las olas del mar; de aquellas promesas de defender lo que de forma prístina reflejaba el convenio nada de nada…  claro, no es lo mismo predicar que dar trigo… y algunos demuestran que son expertos en prédicas estériles.

Pero el culebrón de las vacaciones rotativas no ha hecho más que su entrada en escena… ahora nos queda el resto de la función teatral… en la que los cómicos nos seguirán deleitando y entreteniendo con sus muecas y gestualidad engañosa. Grandes actores.

Los hechos son claros. En el confuso y nebuloso sistema de vacaciones “rotativas” firmado por estos autodenominados sindicatos, se permitieron ambigüedades aplicativas que dejan a la empresa una enorme manga ancha a la hora de llevar a la práctica las mismas. Ello está dando lugar a arbitrariedades, indefinición de los grupos, cambios de actividad dentro de un mismo centro, y todas las injusticias y compadreos diversos que imaginarse pueda. La prueba irrebatible de que se trató de una mala redacción y una nefasta firma, es que si largo y prolijo es el artículo del CEV que regula las vacaciones rotativas… los criterios de aplicación son todavía más largos, farragosos e incluso crípticos.

Este sistema de vacaciones no era el modelo de STC. Nuestro modelo se basa en un sistema de preferencias que se puede plasmar en tres líneas de texto. Es claro, justo, rotativo y transparente, controlable por todos los afectados, y el trabajador lo lleva con él si cambia de departamento, y está basado en el hecho de si el trabajador ha ejercido o no su preferencia en años anteriores. De habernos permitido estar en la negociación del Convenio, dispondríamos de otro modelo que reflejara nuestra línea.

Al final, las organizaciones firmantes nos han llevado a los telefónicos que confiaron en ellos, como Calígula a los romanos, a una gran decepción, pues los grandes logros que predicaron y anunciaron a golpe de fanfarria, se han quedado en nada. Un sistema de vacaciones injusto, insolidario, que no es rotativo en la práctica y que está generando un profundo malestar entre los trabajadores y trabajadoras de Telefónica. Y para más escarnio, aquellos que hace un año porfiaron con grandes alharacas, rasgado de vestiduras, aspavientos y la más diversa parafernalia que iban a “defender” lo firmado, al final parece ser que se han quedado en la orilla del mar… recogiendo conchas.

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